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Esta colección redefine la vestimenta cotidiana al fusionar funcionalidad, versatilidad y sostenibilidad en cada prenda. Diseñada para adaptarse a las distintas exigencias del día, ofrece soluciones inteligentes que optimizan la rutina sin sacrificar el estilo. 

A través de elementos modulares, ajustes personalizables y tejidos innovadores, cada pieza se transforma para responder a diferentes contextos y necesidades. Más que moda, esta propuesta es una herramienta para quienes buscan simplificar su vestuario sin renunciar a la funcionalidad ni a la estética. 

“Eficiencia, Flexibilidad, Sostenibilidad”

En un mundo cada vez más acelerado, hiperconectado y cambiante, las personas necesitan vestirse para múltiples roles sin perder tiempo, sin comprometer su estilo, ni el planeta. Esta colección nace desde esa urgencia contemporánea de optimizar la vida diaria a través de la ropa, transformando la indumentaria en una herramienta estratégica de adaptación, comodidad y funcionalidad.

Las prendas no solo cubren; responden. Se adaptan a la jornada, se modifican según el contexto, y se articulan con las necesidades reales de quienes las usan. Este concepto se fundamenta en varias ideas clave:

1. Vestir como un acto de eficiencia cotidiana

Desde la perspectiva del diseño centrado en el usuario (Norman, 2002), vestirse deja de ser un acto superficial y se convierte en una acción que busca maximizar la funcionalidad sin perder la emoción estética. El diseño transformable permite tomar decisiones más rápidas y adaptables, alineándose con un estilo de vida en constante movimiento.

2. La sostenibilidad como principio no negociable

Inspirado en los postulados del slow fashion (Fletcher, 2008), esta colección se plantea como una alternativa frente al consumo desmedido. Una sola prenda puede sustituir a varias, reduciendo la necesidad de producción y, por ende, de recursos. Se propone una moda duradera, reparable, multiusos y consciente.

3. Flexibilidad en el vestir: cuerpo, espacio y tiempo

Desde el pensamiento de Gilles Lipovetsky (2007), vivimos en una era de hiperindividualismo donde cada sujeto busca configurarse a sí mismo constantemente. La ropa, por tanto, no puede ser rígida ni unidimensional. Las prendas transformables respetan el flujo de la vida, facilitando transiciones entre actividades sin fricción.

4. Ropa sin género: vestir desde la libertad

La colección reconoce que la división binaria del vestuario ha quedado atrás. La unisexidad no es una tendencia, es una forma de democratizar el diseño. Inspirado por teóricos como Judith Butler, entendemos que el género es una performance, y por tanto, la ropa no debería limitar la expresión, sino habilitarla.

5. Diseño emocional + funcional

Donald Norman también habla del diseño emocional, donde los objetos no solo deben funcionar bien, sino también generar vínculos afectivos. Las prendas de esta colección, además de ser prácticas, buscan generar conexión con el usuario, a través de su versatilidad, detalles, acabados y materiales.

En un mundo en constante cambio, esta paleta equilibra versatilidad, funcionalidad y atemporalidad. Negros y tonos terrosos aportan solidez y conexión con el entorno, mientras que neutros claros ofrecen ligereza y adaptación. Un acento especiado rompe la monotonía, recordando que la eficiencia también puede ser expresiva. Cada color está diseñado para maximizar combinaciones y transiciones fluidas, creando un vestuario que se moldea a cada necesidad.